Colegio Cervantes - Fuensanta

De Cervantespedia
Saltar a: navegación, buscar

Contenido

Historia

Las buenas relaciones con el Patronato de las Escuelas Pías y el disfrute del viejo caserón de la plaza de la Compañía, no ocultaron nunca a los hermanos maristas la realidad de que debían encontrar un emplazamiento propio y definitivo para el Colegio Cervantes.

La adquisición en 1955 del solar de 10.000 metros cuadrados del Brillante abrió una esperanza para la construcción del nuevo edificio definitivo para el Colegio Cervantes. Los años cincuenta mantendrán esta esperanza, pero no se construirá nada en él; sólo se plantarán árboles, se harán un pozo de agua para fuentes y doce duchas y se utilizará el terreno para crear varios campos pequeños de fútbol.

Edificio del colegio Cervantes
La primera mitad de los sesenta mostrará el desánimo de los hermanos por el tema: dificultad en obtener un préstamo del Monte de Piedad y Caja de Ahorros y retorno a los arreglos en el antiguo Colegio de Santa Catalina: “... en vista de lo mucho que se alarga el proyecto para la construcción del nuevo colegio”, refleja el acta del Consejo Local del 31 de mayo de 1962. Por ello, se permutarán los terrenos del Brillante por otros vecinos en dicha zona, pero los HH. Victoriano y Ananías, terminarán sus etapas como directores sin ver cumplido el sueño de la sede propia. Mientras, el edificio de La Compañía no podía dar más de sí para el alto número de alumnos: se habían creado clases imposibles en los últimos recovecos, a veces era preciso atravesar un aula para llegar a otra, los patios se habían quedado pequeños y las habitaciones de los hermanos resultaban de una incomodidad excesiva, incluso para una orden religiosa.

El desánimo y las interpretaciones equivocadas del Vaticano II, como nos recordaba el H. Francisco Ibáñez anteriormente, llevaron a la tentación de abandonar, pero “no era posible echar por la borda tantos sacrificios ya cuajada la obra”, dice el H. Ibáñez. Aprovechando la coyuntura oficial que fomentaba la creación de centros de enseñanza con generosos créditos a bajo interés, con el dinero de la venta en 1969 del solar del Brillante y tras rechazar por insuficiente un proyecto de colegio en la calle Sagunto (el actual Santa María de Guadalupe, de los franciscanos), se adquirió un terreno de 15.000 metros cuadrados en la Avenida de la Fuensanta número 35, a la sombra del santuario de la patrona de Córdoba. El antiguo alumno Luis Trócoli Losada, socio de la empresa de construcción IMARA, fue el hombre que brindó a los maristas esta oportunidad. El solar se ubicaba en el centro del nuevo barrio de Fuensanta-Santuario que, proyectado desde 1968, construían el Instituto Nacional de Urbanización y la Caja Provincial de Ahorros. Cerca de 4.000 viviendas económicas, de entre 50 y 120 metros cuadrados, de entre cuatro y ocho plantas, iban a permitir a muchas familias acceder a su propia casa. La construcción del Club Santuario (frente al Cervantes, hasta el punto que fue su bar en los primeros tiempos) en 1973 y el Proyecto de Reparación y Equipamiento Urbanístico (1974), dotaron al nuevo barrio de instalaciones deportivas, zonas verdes, instalaciones escolares y aparcamientos.

Antonio Gil Moreno, capellán entonces del colegio, bendecía en 1970 la colocación de la primera piedra, aunque hasta 1971 no comenzarían las obras, a cargo de la empresa IMARA S.A. bajo proyecto del arquitecto cordobés Víctor Escribano Ucelay. Estas finalizarían en el verano de 1973, con un costo total de 64 millones de pesetas, inaugurándose el nuevo Colegio Cervantes para octubre del curso 1973/74.

La empresa de autocares Autotransportes López iniciaba una relación con el colegio, que dura hasta la actualidad, recogiendo alumnos por toda la ciudad, en numerosas líneas (llegaron hasta nueve).

Complejo inicial

Tras acertadas modificaciones en su primitivo diseño, el colegio tenía cabida para unos mil seiscientos alumnos, tres aulas por curso de cuarenta puestos cada una, comedor escolar de 300 metros cuadrados, laboratorios, biblioteca y salón de actos con capacidad para seiscientas butacas, estando en ese momento en estudio la adquisición de un solar al otro lado de la calle Hermanos Pinzones (que no se llegaría a comprar) para ampliar el colegio.

Los patios eran una de las bazas más importantes del nuevo Cervantes: pistas asfaltadas de baloncesto y minibasket, un campo de futbito de tierra, otro de fútbol, también de tierra, y una pista polideportiva asfaltada, todos con sus medidas reglamentarias. Un gimnasio y dos piscinas, una de competición y otra infantil, completaban en su inauguración la oferta deportiva del colegio.

La polémica del polideportivo

En los años 90 y con la ayuda económica de los padres de los alumnos, se construiría un hermoso polideportivo cubierto, con capacidad para varias pistas de baloncesto, fútbol sala, balonmano y voleibol, de calidad excelente. Precisamente la construcción de este polideportivo provocó la enemistad de algunos vecinos del barrio y llevó al colegio a un pleito con el Ayuntamiento; la orden municipal de paralización de las obras provocó la indignación de las gentes afines a Cervantes, que demandó en 1993 al alcalde entonces de Córdoba, Herminio Trigo, ganando el juicio por Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y teniendo los maristas todo el respaldo legal y judicial para el polideportivo. El Colegio, en fin, tenía forma de L, con cinco plantas en el brazo largo y cuatro en el corto y un amplio vestíbulo-recibidor en el que se colocaron en una vitrina los trofeos obtenidos por el Colegio y a donde daban las oficinas, despachos y sala de profesores. Para evitar problemas económicos y posibles trabas políticas en un futuro español incierto, los hermanos maristas creaban la empresa Promociones Escolares, en la que controlaban todas las acciones, y que pasaba a ser propietaria del Colegio Cervantes, como refleja el Acta del Consejo Local del 16 de noviembre de 1974.

Residencia

Realmente fascinados debían estar los hermanos y la familia marista con el nuevo y propio edificio colegial, tras las inquietudes y estrecheces de los últimos cuarenta años, pero los primeros tenían un segundo motivo para alegrarse: por fin tendrían una residencia exenta para la comunidad. En efecto, separado del colegio por un hermosísimo y cuidado jardín, donde destaca el cedro plantado en 1979 por Juan Manuel Anguita Blanco, primer alumno de Cervantes y Miguel Ángel Jiménez Pedrero, último alumno matriculado ese año, y la imagen de la Virgen María, donada por el directivo de los AA.AA., Rafael Córdoba, se alza una residencia de tres plantas para vivienda de los hermanos maristas, de comodidad y sencillez reconocidas.

Precisamente la capilla de esta residencia cuenta con vidrieras de tema abstracto de Antonio Povedano Bermúdez, pintor natural de Alcaudete (Jaén) pero cordobés de adopción, amigo de los maristas, uno de los más importantes artistas españoles contemporáneos y vitralista de fama internacional. Entre sus vidrieras en Córdoba destacan, también, las del templo Santa María Madre de la Iglesia y las de los colegios Bética (Institución Teresiana) y Sagrada Familia (las francesas). En 1978, el colegio se dotaría de una capilla para el alumnado donde, igualmente, destacaban las vidrieras, en este caso de temática religiosa y obra de Tomás Egea Azcona, antiguo alumno marista del Colegio La Fuensanta, de Murcia.

UNIQ13f44c3c1b6a5516-googlemap-00000000-QINU

El Barrio

Era la primera vez que Cervantes abandonaba el centro urbano y la primera que un centro privado religioso se instalaba en un barrio de clase media baja, si exceptuamos el caso de Nuestra Señora de las Mercedes de las mercedarias, en el Campo de la Verdad. La Fuensanta era, además, en la mitad de los setenta, un barrio con influencia del Partido Comunista y serios problemas de delincuencia en alguna de sus calles. Sin embargo, y superados unos roces iniciales con los colegios públicos de la zona, Cervantes se integraría perfectamente en el barrio, ofreciendo sus instalaciones a múltiples actividades ciudadanas a plena satisfacción y acogiendo, cuando se iniciasen las subvenciones estatales, a niños del entorno. Nunca se vería tanta expectación en el barrio como cuando en el campo de fútbol del colegio jugaba el equipo Fuensanta Maristas, que militó en Primera Regional.

Herramientas personales
Promociones