Eduardo Font de Dios

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Eduardo Font de Dios
{{{Nombre religioso}}}
Nacido en: 1932
Fallecido en: 2008
Estudios cursados 1939 a 1949
Promoción 1949
Estudios superiores: Medicina
Profesión Médico
Reconocimiento '

Eduardo Font de Dios (1932-2008), médico cordobés. En diciembre de 1995 presentó en la Asamblea de Antiguos Alumnos un librito, editado por él, Mi Colegio, sobre las vivencias y anécdotas de sus años con los maristas, de 1939 a 1949.

Supone un excelente testimonio que ha sido recogido en el libro de Juan José Primo Jurado El Colegio Cervantes, 1933-2008. Con apenas 25 años, a los dos de terminar la carrera, se convirtió en el primer médico residente del hospital Teniente Coronel Noreña, abierto en 1957.

En la residencia conoció a la enfermera Blasi Ugalde Elizagaray, con la que se casó y tuvo siete hijas: Pilar, Inmaculada, María del Mar, Myriam, Arantxa, Lourdes y Fátima. En los años sesenta abrió una consulta de medicina general en la calle Joaquín Benjumea, en el barrio de Cañero, donde atendió a sus pacientes hasta principios de la década actual. Después de diez años de trabajo en la residencia Noreña y hasta su jubilación fue médico de medicina general en el ambulatorio del Sector Sur. El doctor Font de Dios se ganó el reconocimiento de los pacientes por su excelente profesionalidad y el cariño y respeto de los que le conocieron y trataron.

Este emotivo artículo, titulado El médico de Cañero, fue publicado por su hija Pilar, también médico, en el diario CÓRDOBA del 30 de septiembre de 2008, con motivo de su fallecimiento:

“Querido papá: Como todos los días, hoy también leerías las páginas de este periódico al levantarte; al llegar aquí, seguro que sonreirías y en unos instantes te darías cuenta de que estas líneas son para ti, porque tú siempre serás "el médico de Cañero", aquel barrio donde empezaste a ejercer la profesión más bonita que existe y del que no quisiste marchar. Han sido los pacientes que pasaron por tu consulta de Joaquín Benjumea los que continuamente nos recuerdan "lo buen médico que eras", gente sencilla, de la calle, la de todos los días, esa que te encuentras en cualquier sitio y que no olvidan tu trato, tus cuidados, tus palabras, tus consejos y sobre todo .esos bonitos ojos azules que te caracterizaron siempre y que te sirvieron tanto en el ejercicio de tu profesión. Sí, papá, esos ojos sabían "mirar", ese "ojo clínico" que te hacía presagiar y diagnosticar tantas enfermedades y que no te abandonó durante tu penosa enfermedad; por eso estuviste adelantándote a todas las complicaciones que surgían, asumiendo en todo momento tu nuevo papel de enfermo, resignado y sin poner nunca en entredicho a ninguno de tus compañeros, que intentaron hacer frente a tan dura enfermedad. Aunque hemos pasado momentos muy difíciles, hemos estado todas ahí, apoyándote, a tu lado, como tú querías, y aprendiendo a aceptar. Ahora quiero olvidar estos últimos tres meses y quedarme con todos aquellos momentos bonitos que hemos compartido, sé que no te has ido, que estarás siempre ahí, apoyándonos, animándonos y protegiéndonos, como siempre has hecho. Descansa en paz. Tu hija Pilar.”
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